No pido que me den, sino que me pongan donde hay

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Por: Sergio Mejía Cano

La frase que se le atribuye a Sócrates de “conócete a ti mismo”, la mayoría de las veces la obviamos los humanos al ser vencidos por la soberbia; y, es precisamente lo que posiblemente le está ocurriendo al senador por Morena, Ricardo Monreal Ávila al estar aferrado a creerse presidenciable sin comprender que no las tiene todas consigo. Quizás él mentalmente así lo crea y considere; sin embargo, su actuar político en los últimos tiempos dicen todo lo contrario.

Claramente el señor Monreal Ávila ha estado en contra de varios puntos de vista del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y además, se le ha llamado hasta traidor por varios simpatizantes del partido hoy en el Poder y hasta por algunos de sus propios correligionarios, sobre todo al ser señalado que, en los pasados comicios para las alcaldías -antes delegaciones- en la Ciudad de México, trabajó haciendo proselitismo a favor de candidatos opuestos a Morena, así como no estar de acuerdo a algunas de las iniciativas de ley presentadas tanto por el mismo AMLO, así como por integrantes de esta asociación política.

Sin embargo, el problema podría estar en que Ricardo Monreal tal vez no se ha hecho un autoexamen de conciencia para así sopesar las posibilidades que tiene entre preferencias del electorado, porque su modo de ser, de actuar, decir y comportarse da una idea de que extraña el antiguo régimen de privilegios y prebendas para la clase política y de nada más llegar al Poder para servirse del mismo y no servir por medio de ese Poder, pue no se le ve nada parecido a lo que está haciendo AMLO, a quien dice seguir desde que este inició su lucha social que culminó con la Presidencia de la República, pues sus actos en el Senado de la República, así como sus declaraciones y pronunciamientos de tratar de proteger a integrantes de otros partidos políticos y asociaciones civiles que en sí, dicen todo lo contrario de estar al lado del presidente de México.

Además, en ciertos momentos se oyen voces que tanto él, Monreal, como su familia prácticamente son dueños de casi todo el estado de Zacatecas y más, porque ahora su hermano David, quien no logra parar la violencia y asesinatos en dicha entidad. Pero más, dichas voces hablan de la riqueza inmensa que ha acumulado esta familia y que, si se mirara hacia atrás, la familia Monreal Ávila no es rica de abolengo o al menos no contaba con las propiedades que hoy se le atribuyen; claro que eso se tendría que investigar y comprobar, lo que tal vez podría salir a flote en caso de que siguiera con su pretensión de llegar a la candidatura por la Presidencia de la República, pues ya se sabe que cuando al atacar a un político se le empiezan a sacar sus trapitos al Sol; aunque muchos de estos trapitos nada más sean leyendas urbanas o algo más.

Y en este entendido, ¿habrá algún mexicano o mexicana que sepa de algún político que después de dejar de vivir en el error, es decir, para vivir del presupuesto, que esté él y su familia viviendo en la indigencia? ¿Habrá políticas y políticos que sus familias estén pasando hambre y frio?

Un claro ejemplo lo tenemos en nuestro país con el profesor Carlos Hank González quien después de ingresar a la política en el estado de México, ahora sus herederos son propietarios de grandes emporios empresariales, por lo que surge la duda de ¿Cómo un simple profesor llegó a amasar tan enorme fortuna, y de que uno de sus hijos, Jorge, casi es dueño de toda la ciudad de Tijuana? ¿Y de que su hijo Carlos y su grupo Atlacomulco tengan desde hace décadas al estado de México en sus manos y dominio? Pero claro está, don Carlos Hank González tenía que ser congruente con la frase que se le atribuye de que “un político pobre es un pobre político”.

Incluso hasta se ha dicho y documentado que el Tata don Lázaro Cárdenas del Río, había dejado asegurada a su familia hasta por cinco generaciones y algunas más. Y también está la familia Salinas de Gortari que, sin ser ricos de abolengo, después de que su patriarca don Raúl Salinas Lozano, después de ser secretario de Industria y Comercio en el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964) su estatus de vida cambió radicalmente. Y así se podrían ir desmenuzando cómo la mayoría, si no es que de todos los políticos mexicanos se hicieron millonarios después de dejar de vivir en el error.

Tal vez por algo así se haya acuñado la frase de que “no pido que me den, sino que me pongan donde hay”, y ya después, asunto de cada quien si bailaba al son del régimen en turno.

Sea pues. Vale.

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