Por lo pronto un estupendo y afortunado revés contra Donald Trump

CON PRECAUCIÓN
Por: Sergio Mejía Cano
Recientemente se dio a conocer a nivel internacional que la Corte Suprema de los Estados Unidos de América (EUA) rechazó la iniciativa del presidente, Donald Trump para negar la ciudadanía de su país por nacimiento; se documentó que, dicho tribunal con una votación de seis contra tres, determinó que los hijos de inmigrantes tanto indocumentados como temporales nacidos en suelo estadounidense son ciudadanos amparados por la enmienda 14 de la Constitución de ese país.

Sin embargo, también se informó que, Donald Trump no ha quitado el dedo del renglón sobre evitar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes que nazcan en territorio de los EUA, pues ya está exigiendo al Congreso que comience a redactar y aprobar una legislación para poner fin a una práctica que considera injusta.

Vaya desfachatez de este anaranjado y desequilibrado presidente gringo, pues desde que anunció esta determinación algunos medios informativos de su mismo país, así como varios analistas de su nación se refirieron a que él mismo, Trump, es hijo de indocumentados y que, su misma esposa está o estuvo en esa misma situación de indocumentada.

A pesar de su posible demencia senil, así como su soberbia, ignorancia y vivir su vida dentro de una burbuja que jamás le ha permitido ver una realidad más allá que la que mira en su propio entorno, tal vez en un instante de iluminación ha previsto que en sí, ya no las tiene todas consigo y que, de no redactarse y aprobarse en el Congreso su iniciativa para  declarar como no ciudadanos estadounidenses a los hijos de indocumentados antes de las elecciones del próximo mes de noviembre del año en curso, a la mejor ya no será posible hacerlo debido a que podría perder la mayoría en el Congreso, porque su forma de gobernar o mejor dicho, de desgobernar ha dejado mucho que desear, a tal grado que, según lo que se ha publicado constantemente, Donald Trump ha estado perdiendo adeptos tanto entre la ciudadanía que lo apoyó y hasta dentro de su partido Republicano al notar tanto representantes como senadores el desastre en que se ha convertido su presidente que, si bien como se ha documentado también de que a quienes lo están manejando les conviene tenerlo ahí un tiempo más, ya están mirando y comprobando que el colapso en la Presidencia de su país ya no tardará en llegar.

Sin embargo, y si se mira más a fondo, esta iniciativa para declarar como no ciudadanos estadounidenses a los hijos de indocumentados que nazcan en ese país podría estar más bien dirigida para los hijos de latinos y, tal vez en menor medida en contra de asiáticos y africanos; pero no así de indocumentados de Irlanda, Reino Unido, Italia, Nueva Zelanda, Holanda, Francia, Groenlandia y un largo etcétera de países en cuyas poblaciones predominen personas de piel clara, ojos claros y pelo rubio.

Porque existe la posibilidad de que en los EUA no nada más existan indocumentados de Latinoamérica, sino hasta de otros países tanto europeos como de Asia, África y Australia, pero que, debido a que, si son güeros y de ojos claros, pues no llaman tanto la atención como a los de la raza de bronce de piel más morena y ojos marrones; no así personas de Asia que, por lo regular casi todos se parecen entre sí, por lo que también podrían pasar más desapercibidos para las autoridades migratorias. Los latinos debido al color de su piel son más fáciles de identificar y, tal vez por lo mismo, las baterías de Trump estén dirigidas más hacia los latinos que contra ciudadanos de otros países allende la Mar océano.

Ahora con la tecnología de los satélites artificiales creados por humanos que hacen posible fotografiar el planeta en que habitamos, hay quienes dicen que en dichas fotos no se miran las fronteras, sino que, nada más por la influencia de los mapas se determina en dónde queda cada país, pero que, desde el espacio todo es igual y sin distinción.

Algo parecido se ha escrito en canciones y novelas respecto al Mar, al señalar que ahí no se ven o no hay fronteras; sin embargo, no es así, pues el mismo ser humano ha determinado determinadas millas cercanas a determinados países que colindan con los océanos como mares territoriales y, ya después de esas millas se denominan como aguas internacionales.
Dentro de la ya muy probable demencia de Donald Trump, ahora nada más le falta declarar como no ciudadanos estadounidenses a las poblaciones nativas de esa parte de Norteamérica; a los dueños originales de lo que hoy son los EUA, ahora recluidos en nefastas reservas.
Sea pues. Vale.

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