Unión y solidaridad de los mexicanos cuando se ven en desgracia

CON PRECAUCIÓN

Por: Sergio Mejía Cano

El 05 de mayo de 1862 las armas nacionales se cubrieron de gloria, según el telegrama enviado por el general, Ignacio Zaragoza al entonces presidente, Benito Juárez. Fue una batalla que se ganó al entonces ejército considerado como el más poderoso del mundo, ejército que, según los datos históricos no venía solo, pues lo apoyaban soldados argelinos conocidos como los zuavos, así como se dice también, por otros mercenarios conocidos como cazadores de África, experimentados en caballería.

Sin embargo, el ejército mexicano tampoco luchó solamente con puros mestizos, sino que contribuyeron mucho a esa victoria, varias comunidades indígenas específicamente del norte del estado de Puebla como los zacaoaxtlas, xochiapulquenses y tetelenses; comunidades armadas únicamente con machetes, palos, hondas y resorteras coadyuvaron a una de las derrotas de los franceses, principalmente en los cerros de Loreto y Guadalupe, de acuerdo a lo que se ha documentado.

Si bien esta batalla del 05 de mayo no fue decisiva debido a que los franceses volvieron por sus fueron hasta 1867, año en que se retiraron, se dice que, por la amenaza de Prusia a Francia, pero también por la advertencia de los Estados Unidos a Francia para que ya no siguiera insistiendo con su invasión; además, por haber sido apresado Maximiliano de Habsburgo junto con los militares mexicanos conservadores, Tomás Mejía y Miguel Miramón.

Aunque también es justo decirlo, ya que Porfirio Díaz también destacó como un héroe al derrotar a los franceses, así como a las tropas astro-húngaras, aliadas al ejército francés, destacando su primera victoria ante estas tropas en Nochixtlán el 23 de septiembre de 1866, triunfando también Porfirio Díaz en las batallas de Miahuatlán el 03 de octubre y en la de la Carbonera el 18 de ese mismo mes y año de 1866. Sin embargo, la victoria más gloriosa y decisiva fue la toma de Puebla el 02 de abril de 1867, victoria que marcó definitivamente el golpe final a la intervención francesa.

Esta decisión de lucha de la gran mayoría de mexicanos, salvo los mexicanos conservadores que ayudaban y alentaban la intervención francesa, da una clara muestra de la unión de los nacionales cuando ven en peligro la soberanía nacional; una unión y solidaridad mostrada y demostrada no nada más en batallas, sino más recientemente en desastres naturales como sismos, terremotos, inundaciones, incendios, etcétera; claro que también con las excepciones también quizás naturales de mexicanos que alientan la intervención de fuerzas armadas de los Estados Unidos para supuestamente combatir el problema del narcotráfico; pero más por su inconformidad con la actual administración federal hoy denominada como el segundo piso de la Cuarta Transformación.

Un claro ejemplo del apoyo y solidaridad popular se notó aquella tarde del 02 de octubre de 1968 (no se olvida), en apoyo a la lucha estudiantil; una solidaridad que ya se había dado antes en la lucha de médicos y enfermeras, así como la de los ferrocarrileros; una unión popular que fue masacrada por las fuerzas armadas federales, estatales y municipales, respectivamente.

Pero más solidaridad popular se notó más en el trágico terremoto aquel 19 de septiembre de 1985, cuando se vio, se notó y comprobó una unión de fuerza incondicional para tratar de rescatar sobrevivientes y cuerpos ya en su caso; una solidaridad que se había dado el 23 de julio de 1957 en otro temblor en el entonces Distrito Federal, aunque de menores proporciones que el de 1985; cuando se vio claramente que sin distinción ideológicas ni creencias de ningún tipo, todos aquellos mexicanos de ambos sexos se unieron en la lucha de búsqueda y localización de gente entre los escombros.

Esta unión de los mexicanos cuando se ven en desgracia, probablemente sea la causa de que haga pensar dos veces al gobierno estadounidense en caso de que quiera invadir militarmente a México, pues los gringos nos tienen tan bien estudiados que saben y están conscientes de que, en caso de invadir, salvo los pocos conservadores que huirían de inmediato, la mayoría de la población mexicana se levantaría para defender a la Patria a costa de lo que fuera. Y no nada más los mexicanos residentes en nuestro país se unirían, sino hasta los descendientes de mexicanos nacidos en los Estados Unidos se unirían en la lucha contra el invasor del norte y, posiblemente hasta una gran mayoría de afroamericanos y hasta probablemente asiáticos y de otras naciones con descendientes en América.

Sea pues. Vale.

 

Deja una respuesta