CON PRECAUCIÓN
Por: Sergio Mejía Cano
Se dice, se ha documentado y, en algunos casos se ha documentado que, si hay inmuebles con riesgos de adquirir diversas infecciones y enfermedades de trasmisión humana, son paradójicamente los hospitales y sanatorios tanto públicos como privados. Paradójicamente, porque se supone que son lugares en donde se alivian y curan a las personas.
Sin embargo, para la gente que acude a un hospital ya sea como paciente o visitante, se dice que, en caso de traer sus defensas orgánicas muy bajas, podría ser factible de adquirir más fácilmente algún tipo de infección o enfermedad; pero también y más propensas, las personas ahí internadas por la probabilidad de tener sus defensas orgánicas aún más bajas y porque las que pudiera tener en determinado momento estarían ocupadas atendiendo precisamente el malestar por lo que están internadas.
Allá a mediados o finales de la década de los años 70 del siglo pasado, se corrió el rumor entre médicos, enfermeras y demás personal operativo en el entonces Guadalajara del Ferrocarril del Pacífico, S.A. de C.V. (FCP), se había detectado estafilococo dorado en prácticamente todo el hospital ubicado en la colonia Moderna del entonces Sector Juárez, por Circunvalación Agustín Yáñez, entre calle Colonias y avenida Chapultepec.
Se llegó a decir que esta bacteria estaba en puertas, ventanas, así como en sus cerraduras, en los empotrados en las juntas metálicas de las camas, en las llaves del agua de los lavabos y regaderas; en fin, en casi todo o todo el hospital de la otrora orgullosa ruta de la costa occidental: el FCP.Este hospital pasó a ser del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) a partir del año de 1982 como clínica 89, el que sigue en funciones.
A finales de los años 90 o principios de los 2000 me encontré con una enfermera que conocía desde niña, por ser hija de un compañero ferroviario, al igual que otras hijas e hijos de la gran familia ferrocarrilera, ya que dicho hospital contaba con su propia escuela de enfermería. Pues bien, esta enfermera, ahora esposa de otro compañero ferroviario, al pasar el hospital del FCP al IMSS, logró, al igual que varias de sus compañeras y compañeros de enfermería, pasar a formar parte del personal médico del IMSS.
Encuentro a esta enfermera y, luego de los saludos correspondientes y parabienes familiares, le pregunto sobre aquel tema del estafilococo dorado; esta compañera y amiga responde que ahí seguía esa bacteria, que se llegó a determinar por parte de las autoridades sanitarias que era muy difícil de erradicar, aunque eso sí, con las técnicas de prevención de las más adecuadas para, en lo posible, evitar riesgos de alguna infección o padecimiento.
Pero, ¿qué es el estafilococo dorado? En aquellos años cuando surgió este tema se hablaba también de lo que era o significaba esta bacteria; sin embargo, al paso de los años, pues como que se va borrando la cinta. Así que, buscando en internet sobre lo que es esta bacteria, se encontró lo siguiente: “El estafilococo dorado es una bacteria esférica que suele vivir de forma inofensiva en la piel y las fosas nasales de cerca de un tercio de las personas.
“Es la causa más común forúnculos, foliculitis, impétigo y celulitis infecciosa. El problema es que, si penetra en el torrente sanguíneo, puede provocar afecciones potencialmente mortales como neumonía, endocarditis, osteomielitis o sepsis.
“Algunas cepas liberan toxinas en los alimentos mal refrigerados o manipulados, causando vómitos y diarrea de aparición muy rápida. Adquieren una gran resistencia a los antibióticos, complicando los tratamientos médicos habituales y son frecuentes en el ámbito hospitalario”.
Cuando surgió el tema del estafilococo dorado en el otrora hospital Guadalajara del FCP, obviamente que hubo voces que señalaban que no era cierto, que nada más era puro mitote de gente que no tenían otra cosa qué hacer más que generar argüendes de este tipo, etcétera.
Sin embargo, como la gran mayoría de médicos, enfermeras, personal administrativo, de intendencia, etcétera, formaban parte de la gran familia ferrocarrilera, existía la confianza tal de que abiertamente se confirmaba la presencia de esta bacteria en dicho hospital.
Incluso los médicos familiares que por lo regular conocían a sus pacientes casi desde niños y, los seguían atendiendo ya siendo adultos, siempre recomendaban desinfectarse después de asistir al hospital. Y, en caso de tener que ingerir alimentos en los puestos alrededor del hospital, lavarse muy bien las manos.
Sea pues. Vale.