En los movimientos revolucionarios, incluso hasta los más radicales, siempre existió la autocrítica como un mecanismo reorientador de las posibles desviaciones de los caminos y metas propuestos.
Pero en la 4T, ¿Hay autocrítica?
Me pregunto por muchas razones. Primero, se supone que AMLO lideró un movimiento popular no únicamente para llegar a la presidencia de la República, sino para tomar el poder político de México y, por lo menos, conducir a los mexicanos menos favorecidos del capitalismo trasnacional, a la obtención de los frutos planteados por la Revolución Mexicana.
Y aunque parezca chusco, los planteamientos sociales y justicieros de ese movimiento insurgente de inicio del siglo pasado, nunca llegaron a cristalizarse.
¿Por qué motivo? Porque desde ese entonces hubo infiltrados y agentes contrarrevolucionarios.
Y no solamente hubo traidores a la Patria que pidieron a potencias extranjeras su intervención para aplastar la movilización de los sectores sociales que luchaban por formar un Estado Mexicano acorde a sus intereses populares. También hubo judas que por 13 monedas vendieron hasta sus hijos, padres y demás familias.
Y hoy, en la 4T veo que se repite la historia.
Pero lo grabe, es que como en la Revolución Mexicana, en la 4T no hay la “AUTO-CRÍTICA”.
A lo mejor porque en el PRI de mediados del Siglo pasado no había esa práctica.
Pero en los movimientos revolucionarios del presente Siglo no puede faltar, y menos en la 4T.
De repente se sabe que desde la selección de candidatos para la contienda presidencial hubo actuaciones fraudulentas de algunos dirigentes del partido político “Morena”.
Y no pasó nada. Se asumió ese fraude como “verdadero”.
En otros lugares, se manipularon las supuestas encuestas para imponer a candidatos afines a los agentes que estaban encargados de seleccionar candidatos en ciertos estados. En algunas entidades se aceptaron sin reserva, pero en otras, el presidente tuvo que intervenir para volver a encuestar.
Y luego resulta que un montón de panistas y priistas radicales, destacados por sus vínculos con lo más rancio de la derecha, del racismo y hasta del fascismo, se integran a morena y hasta se les premia.
Y también gente de dudosa honorabilidad de los diversos sectores sociales hacen su arribo a morena.
La pestilente case política se arremolina para integrarse a morena porque AMLO logra un triunfo que desde 2006 se la había estado negando con acciones fraudulentas de los presidentes panistas en turno.
Pero la gran ausente fue la “AUTOCRÍTICA”.
No hubo desde entonces “autocrítica”, y parece que seguirá no habiendo “autocrítica”.
¿Por qué es indispensable la autocrítica”
Porque a falta de ella se pierde el rumbo, el camino.
Y al parecer, ya se está perdiendo el rumbo.
No es muy complicado el asunto de la autocrítica.
Se trata del “SER O NO-SER”.
Si se “ES”, entonces se está en el camino diseñado con antelación para llagar a las mieles que la Revolución Mexicana se propuso darles a los mexicanos.
Si “No se ES” entonces se apartará del camino y se dedicará a realizar acciones para su “santo” sin importarle el proyecto.
Y esta “CRÏTICA” la debe hacer cada miembro, y más, cuando se está en funciones o en encargo de algo.
Y desde las dirigencias de morena, pasando por los legisladores y funcionarios de morena no se ha visto y creo, que no se verá.
En lugar de la autocrítica se ven actos bochornosos de funcionarios, diputados, senadores, gobernadores, etc.
Urge la autocrítica, porque se siente que se está caminando en rumbo distinto, no solo de la propuesta de AMLO, sino de la aspiración legítima de los mexicanos.
Doy gracias a mis lectores
