Docentes sin vocación ni convicción profesional

CON PRECAUCIÓN

Por: Sergio Mejía Cano

En una gran parte de la sociedad mexicana y, quizás en otros países, las profesiones de enfermería y magisterio son de las más admiradas y respetadas; enfermería por su gran trabajo en bien de la salud de los pacientes que tienen que atender y, el magisterio, por el gran sacrificio por el que tienen que pasar la mayoría de docentes de ambos sexos, sobre todo, de quienes tienen su vocación bien fundada y acrecentada.

Sin embargo, también existen en estas profesiones quienes llegaron de rebote, de panzazo o porque tuvieron facilidades de ingresar ya fuera a enfermería o a la escuela normal, respectivamente, como por ejemplo, hijas e hijos de médicos y enfermeros de ambos sexos que, aunque sin que les gustara esta profesión no tuvieron más opción al no tener la mentalidad para otras carreras universitarias y pues, tuvieron que recurrir a la ayuda de sus familiares para seguir la misma línea de la familia; algo similar con el magisterio, en donde por algunas influencias de sus familiares les facilitaron llegar a tener el diploma de profesor o profesora, para posteriormente lograr una comisión sindical y así, jamás impartir clases ni saber lo que es tener un gis en la mano y menos estar frente a un grupo de estudiantes de primaria, secundaria, prepa, etcétera.

Ah, y también por como se estilaba desde siempre: por obtener plazas heredadas de papi o mami, el tío o el padrino con un cargo fuerte en el sindicato magisterial en cualquiera de sus secciones.

Lo que sí es probable es que, la mayoría siempre recordaremos, mientras tengamos vida a la mayoría de nuestras maestras y maestros, sobre todo, los de la primaria e incluso, tal vez una gran parte de la ciudadanía no ha olvidado el nombre de sus maestras, sobre todo, de la escuela primaria, por ser cuando nuestro cerebro se está expandiendo y, lo que nos decían y ensañaban en la primaria se nos hacía algo similar a lo que nos decía mamá y papá en casa.

De la secundaria y prepa tal vez sea más difícil recordar el nombre de quienes nos impartieron clases, pero posiblemente sí su persona y algunas palabras que llegamos a escuchar por primera vez, aunque no fueran precisamente referentes a las clases y materias que impartían.

Lo anterior viene a colación debido a los últimos acontecimientos de plantones, violencia y vandalismo generado por quienes integran la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la

Educación (CNTE) tanto en la Ciudad de México como en otras entidades, como en el estado de Guerrero.

Las manifestaciones de protesta están avaladas por nuestra Carta Magna, pero no así los actos de violencia tal y como se ha visto en los últimos días en que supuestos integrantes de la CNTE con mazos y martillos en mano destruyeron vidrieras, puertas y ventanas, así como daños a edificios públicos y de algunos negocios y comercios establecidos en el entorno a su plantón de protesta.

Supuestos integrantes de la CNTE quienes generaron todo este tipo de violencia y vandalismo debido a que andaban algunos de ellos encapuchados, por lo que se dijo que posiblemente fueran infiltrados para provocar todos estos daños; aunque los periodistas, Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela, en su programa, “Los periodistas” en YouTube señalaron que, tal vez sí pertenecían a la CNTE porque esta coordinadora del magisterio no se había desligado de los hechos ni dicho nada algo al respecto.

Pero, sea como sea, ¿serán en verdad profesores por vocación quienes efectuaron todos estos actos vandálicos? Porque en caso de serlo, es poco probable que en su formación académica les hayan impartido clases de que, en caso de no hacerles caso en nada, entonces tendrían que destruir cosas. Y, además, cuando imparten clases, ¿les enseñan a sus alumnos que está bien destruir, agredir, hacer pintas, etcétera? Estaría bien que les enseñaran a sus alumnos que siempre debe haber inconformidades al ver o sentir alguna injusticia; pero que primeramente está el diálogo y la buena convivencia para arreglar cualquier cosa que consideren como algo injusto o fuera de lo normal.

Lo que queda claro es que posiblemente la mayoría de estos integrantes de la CNTE no son docentes por vocación, ya que, si tuvieran esta profesión bien acendrada y tuvieran sólidas sus convicciones profesionales, estarían impartiendo clases teniendo en cuenta el daño tan severo que causan a las nuevas generaciones o de ya más edad que, debido a su protesta se quedan sin ir a la escuela, quedando en el limbo de la enseñanza y la educación.

Sea pues. Vale.

 

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