La fuerza del aceite y del agua entre dos cosas

CON PRECAUCIÓN

Por: Sergio Mejía Cano

Varios antiguos ferroviarios coincidían en decir que no conocían algo tan fuerte y poderoso que el aceite. Esto debido a que antiguamente los muñones de los ejes de las ruedas de las unidades de arrastre del ferrocarril iban montados sobre un cojinete de algodón y, en la parte superior una pieza de bronce que hacía una especie de cuña para hacer posible el rodamiento.

Ese cojinete se rellenaba de aceite que lubricaba el muñón que, al rozar con el bronce permitía un rodamiento óptimo. Lo de la fuerza y poderío del aceite que llamaba la atención de aquellos antiguos ferroviarios era porque el aceite no permitía que se juntara o pegara el fierro y después acero de los ejes con el bronce precisamente por la lubricación que ejercía el aceite.

A finales de los años 60 del siglo pasado comenzaron a llegar a nuestro país unidades de arrastre con otro sistema de muñones a rodamiento ya sellados a los que no había necesidad de lubricarlos; aunque las unidades que aún tenían el antiguo sistema de cajas con cojinetes de algodón y bronces siguieron rodante hasta principios de los años 80, unidades tanto de carga como de los que servían de campamento que servían como carros habitación para las cuadrillas de trabajadores del departamento de vías y estructuras.

Al comentar esto con algunas personas no relacionadas con el movimiento de trenes, una persona comentó que la misma función del aceite la hacía el agua, añadiendo que muchos de los accidentes en las carreteras o vialidades rápidas en las zonas urbanas en tiempo de lluvias o, que por alguna razón hubiese agua sobre el pavimento, asfalto o concreto hidráulico, el agua no permitía que las ruedas de los vehículos tocaran el piso debido a que el agua formaba una capa que se interponía entre las ruedas y el piso; algo parecido a lo que hacía el aceite entre fierro y fierro.

Así que se entiende que en temporada de lluvias haya más accidentes en carreteras y autopistas y más cuando hay exceso de velocidad; pero, de acuerdo a varios expertos e informaciones que aparecen ahora en Google y otros estudios al respecto, así no vaya a velocidad excesiva cualquier vehículo podría suceder un derrape precisamente por esa fuerza que ejerce el agua entre las ruedas y el pavimento.

Cierta vez al comentar esto de la fuerza del aceite y del agua con conocidos, amigos y familiares no faltó quien se riera alegando que lo del aceite sí era posible, pero lo del agua

sí que no podía ser posible, que ¡cómo!, si el peso de los vehículos fijaba bien las ruedas al piso de las carreteras y avenidas, por lo que no creían en esto.

Hasta que un día, la hija de un conocido cercano al viajar por la autopista de Guadalajara, Jalisco a Tepic, Nayarit en tiempo lluvioso tuvo un accidente en el que, afortunadamente, fueron más los daños materiales que físicos aparte del susto, pues el vehículo estuvo a punto de irse al vehículo.

Este conocido comentó que su hija le dijo que, al circular en el tramo de Plan de Barrancas, es decir, entre La Quemada, Jalisco e Ixtlán, Nayarit, no venía a exceso de velocidad, pues estaba lloviznado; pero en cierto momento al tomar una curva hacia la derecha en el sentido de Guadalajara a Tepic, el carro derrapó sin haber hecho algo indebido en el manejo. Sin embargo, el carro se fue hacia la izquierda golpeando en la barra de contención y que divide los carriles hacia el sur y, al golpear con esta barrera el carro se fue hacia el otro lado deteniéndose a pocos centímetros del voladero existente del lado derecho.

Mi conocido comenta que fue a Ixtlán por su hija la que afortunadamente estaba bien físicamente, pero con crisis nerviosa, aunque ya más calmada. El conocido dice que se acercó a unas personas con uniforme de rescatistas para preguntarles si ya habían determinado qué había pasado, si había sido por daños en la dirección del vehículo o alguna falla en el rodaje del carro. Los aludidos le respondieron que de acuerdo a los dictámenes preliminares lo que indicaba en primera instancia era por el piso mojado y las ruedas un poco desgastadas.

Y, a propósito del ferrocarril, la fuerza del agua se tiene contemplada por lo que ejerce también sobre los rieles, pues desde siempre ha existido la recomendación en las instrucciones especiales de que, “Cuando las condiciones atmosféricas lo requieran (riel mojado) puede reducirse hasta el 5 % del tonelaje, informándose de esto al jefe de despachadores”.

Esto debido precisamente a que las ruedas motrices de las locomotoras resbalan.

Sea pues. Vale.

 

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