Por: Sergio Mejía Cano
Varios antiguos ferroviarios coincidían en decir que no conocían algo tan fuerte y poderoso que el aceite. Esto debido a que antiguamente los muñones de los ejes de las ruedas de las unidades de arrastre del ferrocarril iban montados sobre un cojinete de algodón y, en la parte superior una pieza de bronce que hacía una especie de cuña para hacer posible el rodamiento.
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