Manuel Aguilera Gómez.
Estaba escondida, tal vez amedrentada por los sismos. Se había disipado de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, una vez superados los temores a la naturaleza reapareció vigorosa, con su dramática carga de sangre, con su habitual salvajismo. Comenzó a desplazar de las planas de los periódicos las desgracias originadas por la naturaleza y reapareció con su apabullante brutalidad.
