Alfredo Padilla
Uno de los más grandes males que se ha padecido en las últimas décadas en nuestro Estado, es el daño presupuestal infligido a la Universidad Autónoma de Nayarit (UAN), en la que perfiles de diversas ascendencias académicas y políticas, según ha quedado claro, han rendido protesta como rectores, y solamente para volverse ricos, acomodar amigos, familiares, e incluso, hasta algún conocido. Es de hacer mención, que desde el inicio de su mandato, el gobernador del Estado Miguel Ángel Navarro Quintero, manifestó su deseo de terminar con este mal, que justo es decir también, no es tarea fácil, en virtud del arraigo de viejos vicios y los intereses creados a lo largo de todo este tiempo, pero en un año, el primero, no ha bajado el ritmo para superar el desafío (en virtud de la promesa suscrita con la totalidad de la comunidad universitaria y la sociedad en general), en este, y otros que conforman la gran herencia desfavorable que atenta contra el derecho a una vida digna en igualdad de oportunidades para todos.
