Por: Sergio Mejía Cano
El gobierno mexicano debería de poner más atención a la situación de las playas en ambas costas que enmarcan a nuestro país: Golfo de México y el océano Pacífico, así como en ambas penínsulas: Baja California y Yucatán, en el entendido de que las playas siguen siendo de libre acceso para todos los habitantes de la República Mexicana; nacionales y extranjeros.
Se entiende que, desde el sexenio anterior, así como el de ahora se han arreglado muchas de las situaciones en donde se cercan zonas de playa que no permiten el paso a quienes quieren visitar esas zonas, quienes se sorprenden de que un día anterior sí pudieron ingresar a determinada playa y de la noche a la mañana se topan con malla ciclónica o hasta con muros de material que impiden el paso tanto a lugareños como visitantes asiduos a lo que de un día para otro encuentran bloqueado.
Se han dado casos y hasta se han documentado que principalmente algunos extranjeros alegan que determinada zona de playa en nuestro país es de su propiedad y, en algunos casos se dice que también algunos mexicanos pudientes se ponen en este plan. Y he aquí lo extraño debido a la posibilidad de que, quien les autoriza que se instalen en determinada playa algo les dicen para que se sientan seguros y ya propietarios hasta de la arena y el agua de las olas que llegan a la playa frente a sus inmuebles cuya construcción, en ocasiones al llegar a investigarse a fondo de acuerdo a un cúmulo de quejas, se encuentran serias anomalías desde el cómo y por qué se hicieron propietarios de un predio considerado anteriormente como parte de un ejido de una localidad pesquera que misteriosamente ya tampoco existe.
En los sexenios anteriores al que inició en diciembre de 2018 se presentaron infinidad de situaciones en donde con el pretexto del desarrollo y progreso en el ámbito turístico y más, cuando se promovió la desaparición de los ejidos y de la Reforma Agraria en sí, los ejidos más afectados fueron precisamente los que estaban más cercanos a las costas mexicanas. Campesinos y pescadores fueron víctimas de empresarios y políticos de altos vuelos, así como de los mismos gobiernos federales en su momento que, con la consabida expropiación por causa de utilidad pública, varias, si no es que todas las poblaciones con cercanía a las costas desaparecieron para dar paso a la construcción de grandes emporios turísticos.
Lo curioso de todo esto es que, las denominadas causas de utilidad pública pocas veces o quizás nunca llegaron al pueblo y menos a los anteriores propietarios o dueños de aquellos ejidos y aldeas pesqueras, ya que la mayoría de aquellas personas se vieron en la necesidad de emigrar hacia la frontera norte y otros más a buscar el sustento diario a las capitales de sus entidades o a otras poblaciones cercanas; pero otros más decidieron quedarse en la tierra que los vio nacer para al menos entrar a laborar en el mantenimiento de las nuevas cadenas hoteleras, extranjeras en su mayoría que, por lo mismo, los montos económicos que genera la también llamada y conocida como la industria sin chimeneas se van precisamente al extranjero dejando puras migajas en nuestro país, pero eso sí: alegando que han creado infinidad de empleos. Aunque jamás se habla
de la contaminación ambiental que generan todas esas cadenas hoteleras en zonas antes limpias y puras en flora y fauna, así como en el subsuelo; pero, sobre todo, de la contaminación del Mar.
Se dice que, antes de crearse el emporio turístico en Cancún y demás zonas en la península de Yucatán, y más en lo que ahora es el estado de Quintana Roo, la mayor parte de esta zona era virgen, limpia y sin contaminación de ningún tipo; sin embargo, como tenía que haber trabajadores encargados de las limpieza y mantenimiento de las grandes cadenas hoteleras, se tuvieron que crear asentamientos humanos para albergar a esa enorme cantidad de trabajadores en los hoteles, lo que obviamente generó una gran contaminación de todo tipo, sobre todo por las descargas corporales de toda esa gente que comenzó a llegar en busca de un mejor futuro económico y laboral en esas nuevas zonas turísticas.
Sin embargo, el subsuelo de las zonas turísticas no se contamina nada más por los asentamientos humanos en donde moran los trabajadores de los hoteles, sino también por las necesidades fisiológicas de los turistas hospedados en esos grandes hoteles. Y así se diga que existen plantas de tratamiento de aguas negras, lo más probable es que haya descargas de caca al Mar.
Sea pues. Vale.
