CON PRECAUCIÓN
Por: Sergio Mejía Cano
Hubo un tiempo en el pasado inmediato anterior en que se trató de que la materia de historia en la educación básica en nuestro país se eliminara, supuestamente porque distraía de otras materias más importantes y así, ponerles más atención a las materias de matemáticas y español.
Sin embargo, ante las protestas de académicos, historiadores y gente perteneciente a diversos sectores de la sociedad, esta iniciativa o sugerencia no prosperó; pero sí se modificó de algún modo quitando pasajes históricos que, en cierto sentido entorpecían a la educación neoliberal, como algunas luchas sociales tanto individuales como de grupos que en su tiempo pugnaban por un mejor sistema de vida para los sectores más desprotegidos en nuestro país.
Está, por ejemplo, en el sexenio de, Vicente Fox Quesada (2000-2006), según información en Google, la Secretaría de Educación Pública (SEP), impulsó un proyecto de reforma curricular para secundarias que pretendía reducir los contenidos de historia de manera drástica, algo que algunos sectores de la sociedad interpretó como un intento de eliminar esta asignatura, pues de inicio planeaba eliminar la enseñanza de la historia previa al siglo XV, es decir, la prehistoria, la edad antigua, la edad media; pero, de manera muy particular todo el pasado prehispánico e indígena de México, lo que generó una gran polémica, ya que de inmediato se hizo sonar la voz de aquella máxima atribuida al filósofo español, Geroge Santayana: “Aquellos que no pueden recordar su historia están condenados a repetirla”.
Afortunadamente no se eliminó en sí la etapa prehispánica con esta reforma educativa de, Vicente Fox que entró en vigor en 2006; sin embargo, llegó en forma modificada, porque si bien no se borró el pasado indígena, se dice que la materia sí desapareció por completo del primer año de secundaria y, compactando en solo dos cursos los contenidos generales como la Historia Universal en segundo grado y de México para tercer año de secundaria.
Por cierto, en aquel tiempo se llegó a documentar que, la reforma educativa presentada por Fox Quesada, era la misma que en su momento había presentado el presidente, Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000); una reforma educativa que, según los enterados había sido elaborada en los Estados Unidos de América y no en nuestro país y por eruditos mexicanos. Por lo que se le dio marcha atrás; aunque con las modificaciones que los pensadores libres de la oposición en aquel tiempo no pudieron detener, al no contar con mayoría en el Congreso de la Unión.
Lo anterior viene a colación, porque si bien no se logró la expectativa de eliminar la materia de historia en la educación básica en nuestro país, de alguna forma se lograron ocultar acontecimientos históricos como las represiones gubernamentales en contra de las protestas sociales para tener una mejor vida laboral y mejores remuneraciones económicas, como las de médicos y enfermeras, la huelga ferrocarrilera en los años 50, las estudiantiles en los 60 y 70; la llamada guerra sucia en donde ser joven era un delito debido a la persecución, encarcelamiento, torturas y desapariciones de jóvenes a los que se consideraba como disidentes agitadores y guerrilleros y, ya no se diga la represión a los campesinos sobre todo, del estado de Guerrero que, se decía, era la cuna de las guerrillas.
También se dejaron de programar en televisión abierta películas referentes a la Revolución Mexicana, supuestamente porque podría abrir los ojos de las nuevas generaciones al preguntarse algunas de estas de que, por lo que se luchó en la revolución y enfrentamientos fratricidas en nuestro país, eran factores que seguían vigentes, tal y como si los acontecimientos revolucionarios no hubiesen servido de nada.
También se llegó a coartar información respecto a los golpes de Estado en Centro y Sudamérica, minimizando aquellos hechos sangrientos y lanzando información parecida a una justificación de esos golpes de Estado como el de la hermana República de Chile en septiembre de 1973, al justificar más a, Augusto Pinochet que, al presidente constitucional, Salvador Allende, tachándolo de comunista y hambreador de su pueblo.
De ahí que hoy en día, cuando en México se dice que actualmente estamos en una dictadura, gran parte de las nuevas generaciones y otras no tanto, se creen a pie juntillas que sí hay una dictadura y con una censura atroz, debido a que ni siquiera se imaginan lo que es una dictadura en sí y una censura a la libertad de expresión.
Sea pues. Vale.