CON PRECAUCIÓN
Por: Sergio Mejía Cano
Desde luego que ya no es raro que siga habiendo gente que, un día sí y otro también denueste las obras públicas que se han emprendido desde el sexenio anterior, como el aeropuerto Internacional, Felipe Ángeles (AIFA), el Tren Maya, la refinería Olmeca, también conocida como Dos Bocas, la rehabilitación de la ruta del Tren Interoceánico, carreteras, puentes, líneas de tren suburbanas, entre otras, llamándolas como elefantes blancos, por lo menos.
Detractores y opositores a estas administraciones federales que se conocen también como la Cuarta Transformación (4-T), por lo regular citan que no producen, que tienen pérdidas enormes que no cubren el costo realizado en su construcción y un largo etcétera que, obviamente, lo señalan constantemente tanto en algunos o todos los medios tradicionales, así como en las redes sociales poniendo fotos y videos, la mayoría de ellos creados con inteligencia artificial o de acontecimientos acaecidos en otros países y de años atrás, para dar una idea de que sus falsedades son ciertas, aprovechando, desde luego, cuando ocurren accidentes en algunas de estas obras como incendios en la refinería Dos Bocas, el descarrilamiento de un tren de pasajeros en la ruta del tren Interoceánico, aduciendo que el aeropuerto AIFA luce vacío, sin pasaje; lo mismo que el Tren Maya del que a cada rato enfatizan sobre el costo tanto económico como ambiental que costó esta obra y que, al no acarrear pasaje, sus costos se elevan cada día más.
Nada les importa a estos detractores y adversarios de la 4-T que, a cada rato se les desmienta dando cifras verídicas tanto económicas como de usuarios que crecen día con día, así como el alza en la producción de la refinería Olmeca la que, a pesar de sus accidentes ha logrado avanzar en su producción por lo que ha comenzado a generar las expectativas deseadas y que, en cuanto se asiente más en sus instalaciones, esta refinería, así como las anteriores que casi habían sido desmanteladas en nuestro país, elevarán su producción con la posibilidad de que lleguen a ser autosuficientes tanto para el consumo interno, como para la exportación de combustibles y derivados del petróleo.
En cuanto al Tren Maya, lo triste del caso es que haya compañeros ferroviarios, tanto jubilados como pensionados, así como uno que otro activo, que señalen constantemente que este tren es un fracaso absoluto, sin importarles los videos y fotos que les han mostrado otros compañeros, otrora ferrocarrileros que han ido a viajar y comprobar sobre el funcionamiento de este tren en la península de Yucatán, mostrando estaciones con muchos pasajeros esperando abordar este tren, así como fotos al interior de estos trenes con lleno absoluto; estos compañeros que no creen en la 4-T, aducen que son fotos y videos falsos, aunque ahí se vean a los compañeros en las imágenes.
El principal pretexto que señalan los ahora exferroviarios es que, así vayan llenos los trenes de pasajeros en la ruta del Tren Maya, las ganancias son pocas o mínimas en cuanto al costo de la obra, algo que de inmediato llama la atención debido a que, todos los que llegamos a trabajar en los ferrocarriles de nuestro país estamos conscientes de que los trenes de pasajeros jamás se consideró su operación con fines de lucro, sino más bien como un servicio social; conscientes además, de que es muy claro que, por más pasaje y trenes de pasajeros hubiera, nunca generarían las ganancias para que un ferrocarril se mantuviera, económicamente hablando, pues lo que, lo que mantiene a los ferrocarriles en sí, es el transporte de carga, de mercancías de todo tipo. De ahí que, los ahora concesionarios de las líneas férreas en México evitaran los trenes de pasajeros y dedicarse únicamente a los trenes de carga en el entendido de que los de pasajeros les estorbarían y, porque no generan ganancia alguna que, es precisamente a lo que le tira un inversionista o concesionario.
El 23 de junio de 1937, el entonces presidente de la República Mexicana, Lázaro Cárdenas del Río, nacionalizó los Ferrocarriles Nacionales de México y, en uno de sus considerandos del decreto dice claramente que, se establecía el servicio de los trenes de pasajeros como un servicio social, para satisfacer las necesidades de transporte y traslado para las clases más menesterosas en el país.
Un servicio social que duró eficientemente hasta su desaparición total en febrero de 1998; un servicio social cancelado precisamente por los concesionarios para mover únicamente la carga.
Sea pues. Vale.