Alfredo Padilla
Desde el pasado 2021, en que entró en funciones la nueva administración municipal de Tepic, esta comenzó a usar como principal eslogan publicitario: «La ciudad que sonríe». Sin embargo, a juicio de no pocas reacciones, escasos han sido los motivos para hacerlo, para unos de plano no los han encontrado, y lo que es más, ni al gobierno mismo le han logrado ver en realidad una sonrisa que demuestre verdadero interés en los ciudadanos más allá de eso: una pose de dibujos animados, regateos, enbustes y un eslogan. Por ejemplo, si bien los multicitados intentos de bacheo de calles, como grandes logros consumados, lograron calmar a ratos el descontento social de los afectados directos, la dura realidad no ha tardado en dejar al descubierto la verdad: poco dura el gusto de una vialidad ‘parchada’, cuando tienen que volver a destruirla -para hacer el trabajo a fondo- o porque no realizaron bien el estudio, o no tomaron en cuenta que esa calle no tiene un drenaje adecuado (siendo el caso de uno de los tramos “reparados” de la Avenida Insurgentes), y en el peor de los casos hasta está colapsado, teniendo que duplicar la inversión, o si acaso ese fuera el objetivo, ahí la llevan.
