CON PRECAUCIÓN

descargaAh, la vanidad, mi pecado favorito: Lucifer

Por: Sergio Mejía Cano

Hay una película de 1997 que en nuestro país se tituló como “El abogado del Diablo”, con el actor Keanu Reeves en el papel del abogado y Al Pacino, como el Diablo, en donde la trama principal en sí, es la vanidad, pues constantemente el Diablo dice: “ah, la vanidad, mi pecado favorito”. Y es precisamente la vanidad de mucha gente, casi nata en la mayoría, si no es que, en todos los humanos, la que nos ha llevado en cierta forma a alguna desgracia en nuestras vidas.

Se han documentado casos de integrantes del mundo del espectáculo que han puesto en riesgo sus vidas debido a cirugías estéticas, como el caso muy sonado de la cantante y actriz Lucha Villa, quien dejó de ejercer su carrera artística, por las consecuencias sufridas después de una operación para darle más vista a su cuerpo. Lo mismo la también cantante Alejandra Guzmán, de quien se informó que estuvo también a punto de perder la vida, precisamente después de una operación de busto y caderas, y todo por haber ingresado a su organismo substancias químicas nada compatibles con el organismo humano.

Estos son nada más dos casos emblemáticos; pero existen infinidad de actores, actrices y cantantes de todos los géneros que en cierta forma han visto cómo se ha destruido sus caras, aunque primeramente hayan quedado bien de las cirugías y que, con el tiempo, devienen las secuelas y consecuencias cobrándoles un alto precio a pagar por su vanidad.

Y no nada más personajes del mundo del espectáculo, sino también de los deportes y hasta del mundo político se han dejado llevar por esa vanidad que en sí, hace nada más que quien recurre a esos arreglos de cara y cuerpo, se engañen nada más a sí mismos, pues por lo regular, las cirugías estéticas se detectan de inmediato y más, cuando al pasar el tiempo dan de sí teniendo que necesitar un arreglo inmediato so pena de que colapse la operación anterior y se sufran más consecuencias.

También han sufrido, sufren y seguirán sufriendo gracias a la vanidad, personas de ambos sexos que, por querer lucir mejor, supuestamente, hacen arreglar su cuerpo y cara; pero el problema viene posteriormente no nada más para quienes recurren a cirugías estéticas, sino para sus propios familiares, pues constantemente se documentan casos de mujeres y varones cuyos cuerpos quedaron tendidos en una plancha de alguna de las tantas clínicas “patito”, de las que muchas de ellas no cuentan tan siquiera con permisos para ejercer y atendidas la mayoría de estas clínicas clandestinas dizque de belleza por supuestos médicos o médicas sin título profesional o también patito.

Lo malo de todo esto es que se ha llegado a documentar y comprobar que, estos supuestos médicos de belleza, utilizan hasta aceite para vehículos automotrices, ceras y parafinas que, podrían inflar momentáneamente cachetes y glúteos; pero que después de un tiempo relativamente corto, se derrite haciendo ver esa supuesta estética en una masa grotesca.

Lo más común entre mujeres y varones, son técnicas de “liposucción” que consiste supuestamente en extraer grasa corporal, principalmente del abdomen; sin embargo, y a pesar de ser considerada como una operación de poco riesgo, se han dado casos en que personas que se han sometido a esta técnica no han sobrevivido o posteriormente llegan a tener consecuencias muy dolorosas y, precisamente también de consecuencias estéticas que, quienes se someten a estas técnicas tendrán que seguir con ellas hasta que su cuerpo ya no aguante.

Pero no nada más son las operaciones estéticas las que representan o pudieran representar cierto riesgo en la salud, sino hasta los tintes para el pelo, barba y bigote, han tenido sus consecuencias, ya que hubo un tiempo en que algunas personas llegaron a sufrir intoxicaciones corporales después de haberse aplicado un tinte de pelo; intoxicaciones fuertes, pues se dieron casos de mujeres y hombres que tuvieron que ser internados en sanatorios para desintoxicarlos, determinando los médicos que la intoxicación era debida a los componentes químicos de la sustancia en el tinte. Y quién no llegó a mirar conocidos o familiares varones con granos alrededor de su boca y nariz, como consecuencia de haberse aplicado pintura para oscurecer su barba y bigote o el puro bigote.

Y así se podría seguir con infinidad de daños y efectos colaterales generados a la vanidad de las personas que no toman en cuenta que lo natural siempre será mejor que lo artificial; pero que les gana la vanidad, el pecado favorito del Diablo.

Sea pues. Vale.

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