Por: Sergio Mejía Cano
En los años 60 y parte de los 70 del siglo pasado, el estado de Guerrero se caracterizó por ser la cuna de las denominadas guerrillas populares campesinas, encabezadas principalmente por el profesor normalista de Ayotzinapa, Genaro Vázquez Rojas, quien falleció en un accidente automovilístico, por lo que en su lugar destacó el también profesor de la misma escuela normal, Lucio Cabañas Barrientos. En ese entonces estas guerrillas se crearon por la incomodidad que generaban las autoridades de dicha entidad en contra principalmente abusos contra los mismos campesinos y sus familias.
Sin embargo, las autoridades guerrerenses en vez de poner atención a las demandas campesinas y de gran parte de los habitantes de la sierra de Guerrero, desataron una cruenta persecución no nada más de quienes se habían levantado en armas para exigir de algún modo justicia a sus peticiones, sino también contra sus familiares y pobladores de los asentamientos humanos del entorno en donde se trataba de localizar a los grupos disidentes, llevando a cabo, de acuerdo a lo documentado en aquel entonces, desaparición de gente que no estaba involucrada en la guerrilla, sino nada más por ser vecinos y, desde luego, campesinos, sin tomar en cuenta la edad de muchos de los detenidos o desaparecidos, así fueran adultos mayores o adolescentes y, se llegó a decir que, hasta varias mujeres sufrieron los embates de las autoridades que perseguían a los guerrilleros; tal y como sucedió con la familia de, Lucio Cabañas que fue llevada, de acuerdo a testimonios de una de las hijas de Cabañas Barrientos, que aun siendo menor de edad, fue recluida en el Campo Marte en el entonces Distrito Federal, hoy Ciudad de México.
Pero no nada más la disidencia se dio en aquellos años en la sierra de Guerrero, sino también en otras entidades como Michoacán y en varias zonas urbanas no tan cercanas, como en Monterrey, Nuevo León y Guadalajara, Jalisco, principalmente, aunque se llegó a decir que también hubo inconformidades en Sonora, Sinaloa y, desde luego, en Chihuahua, en la ciudad de Madera, en donde el 23 de septiembre de 1965, profesores, obreros, campesinos y otros ciudadanos atacaron un cuartel militar para llamar la atención por los abusos que estaba sufriendo la población de parte de las autoridades y caciques del lugar.
Y, si bien este ataque al cuartel militar en Madera, Chihuahua no tuvo las expectativas esperadas, sí sirvió para despertar conciencias en otras partes del país, principalmente en jóvenes y, obviamente en obreros, campesinos, pescadores y, también, en gente dolida por aconteceres de otros movimientos ciudadanos que fueron reprimidos por las fuerzas armadas como la huelga de los ferrocarrileros en los años de 1958-1959, así como la de médicos y enfermeras y la del magisterio y otros movimientos de años atrás de los que muchos de los afectados ya no existían, sus descendientes sí recordaban lo que sus mayores les habían contado de lo que habían sufrido solo por protestar que tenían hambre y que deseaban mejore condiciones de vida con jornadas laborales justas y salarios dignos, etcétera.
Lo curioso del caso es que, tanto en las ciudades, pero principalmente en las zonas rurales había infinidad de inconformidades dando pie a la aparición de las guerrillas tanto urbanas como rurales, surge la pregunta de ¿por qué ya no se habla de que haya grupos disidentes, sino únicamente grupos del crimen organizado? ¿Será acaso que hoy en día ya no hay tanta inconformidad en la vida de la clase trabajadora, pero principalmente de los campesinos?
En su tiempo se llegó a documentar que existían por lo menos 20 grupos guerrilleros en diversas zonas de la República Mexicana tanto en el campo como en las ciudades; grupos que curiosamente desaparecieron o dejaron de luchar, pero posiblemente no porque los hayan vencido o hacerlos rendir las fuerzas federales, sino porque se les dio otro enfoque tachándolos de grupos criminales para que la gente ya no los identificara como luchadores sociales, sino como viles criminales.
Un antiguo ferroviario que ya no está entre nosotros y que le gustaba mucho este asunto de las guerrillas, no nada más de nuestro país, sino de Centro y Sudamérica, llegó a comentar que los grupos guerrilleros seguían vigentes en alguna forma, pero que, desde el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), se determinó voltear la tortilla debido a que cada día molestaba más a gran parte de la población mexicana y otros países la denominada «guerra sucia», la que consistió en la persecución y desaparición de muchos jóvenes de ambos sexos, algunos de ellos aventados al Mar, para que sus cuerpos no aparecieran por ningún lado. Así que de ser grupos guerrilleros pasaron a denominarse como cárteles de la droga, grupos del crimen organizado, achacándoles infinidad de delitos para que la mayoría de los mexicanos los tomara como los más crueles asesinos.
Es por esto que, si el estado de Guerrero, anteriormente conocido como cuna de las guerrillas en México, ahora se diga que está gobernado tanto en la sierra como en sus costas por los llamados «ardillos» y otros grupos delincuenciales, al igual que en otros estados del país.
Sea pues. Vale.
