Por: Sergio Mejía Cano
Allá como a finales de los años 60 o principios de los 70, me tocó leer en la revista, “Selecciones del Reader’Digest”, una anécdota sobre dos niños que van caminando sobre un lago congelado en los Estados Unidos, cuando de pronto el hielo cede ante el paso de uno de los niños y la corriente de agua lo va arrastrando; su compañero sigue el curso que lleva su amigo debajo del hielo y, con sus propias manos rompe el hielo y logra rescatar a su compañero.
