Manuel Aguilera Gómez.
Nuestra vocación por el fracaso es incorregible. Renuncian los funcionarios pero perviven su ideas; el predominio de la necedad ideológica por encima de la realidad. El señorío de los dogmas: la elevación del evangelio neoliberal al rango de religión. Hoy estamos viviendo la versión repetida de esa terquedad que tiene atrapados a los dirigentes de la política financiera desde hace 33 años fatídicos, condenando a los mexicanos a la penuria.
